La cosa no es sentarse a meditar en una postura particular y cerrar los ojos y tratar de concentrarse. El asunto es vivir la trama de la vida con paz y alegría interior. La meditación sentada es sólo un entrenamiento para la vida, para afrontar la vida y sus dificultades desde una conciencia más amplia y profunda.
El meollo de la cuestión reside en lo que percibimos, en cómo y dónde miramos y desde dónde sucede este percibir. Lo primero es percatarse de dónde ponemos nuestra atención pues dependiendo de dónde fijamos la vista así será nuestro mundo.
